Estupor, confusión, asombro y tristeza. En las filas socialistas se viven días amargos, a cual peor. La división hace mella y las viejas heridas se reabren, esas que quedaron pendientes de cauterizar tras la batalla campal librada en el Comité Federal del 1 de octubre de 2016. Ahora con Pedro Sánchez en Moncloa, encabezando un Gobierno de estrellas sin concierto, cunde el desaliento. "Esto no aguanta. Esto no puede aguantar", vaticinan en los círculos más veteranos.
Estupor, confusión, asombro y tristeza.
En las filas socialistas se viven días amargos, a cual peor. La división
hace mella y las viejas heridas se reabren, esas que quedaron
pendientes de cauterizar tras la batalla campal librada en el Comité
Federal del 1 de octubre de 2016. Ahora con Pedro Sánchez en Moncloa,
encabezando un Gobierno de estrellas sin concierto, cunde el desaliento.
"Esto no aguanta. Esto no puede aguantar", vaticinan en los círculos
más veteranos.
Estupor, confusión, asombro y tristeza.
En las filas socialistas se viven días amargos, a cual peor. La división
hace mella y las viejas heridas se reabren, esas que quedaron
pendientes de cauterizar tras la batalla campal librada en el Comité
Federal del 1 de octubre de 2016. Ahora con Pedro Sánchez en Moncloa,
encabezando un Gobierno de estrellas sin concierto, cunde el desaliento.
"Esto no aguanta. Esto no puede aguantar", vaticinan en los círculos
más veteranos.
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