Debajo de las tejas, en medio de un híbrido entre Oriente y Occidente, los juegos de luces y sombras seducen a la vista. El bullicio que arrastran los turistas (la mayoría japoneses y franceses) distrae las sensaciones. Aunque el baño de integración artística, en el que convive el esplendor del califato Omeya con la arquitectura gótica, del Barroco y del Renacimiento, devuelve la esencia a un templo del que hoy se cuestiona nuevamente su propiedad
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Debajo de las tejas, en medio de un híbrido entre Oriente y Occidente, los juegos de luces y sombras seducen a la vista. El bullicio que arrastran los turistas (la mayoría japoneses y franceses) distrae las sensaciones. Aunque el baño de integración artística, en el que convive el esplendor del califato Omeya con la arquitectura gótica, del Barroco y del Renacimiento, devuelve la esencia a un templo del que hoy se cuestiona nuevamente su propiedad
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Debajo de las tejas, en medio de un híbrido entre Oriente y Occidente,
los juegos de luces y sombras seducen a la vista. El bullicio que
arrastran los turistas (la mayoría japoneses y franceses) distrae las
sensaciones. Aunque el baño de integración artística, en el que convive
el esplendor del califato Omeya con la arquitectura gótica, del Barroco y
del Renacimiento, devuelve la esencia a un templo del que hoy se
cuestiona nuevamente su propiedad



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