Debajo de las tejas, en medio de un híbrido entre Oriente y Occidente, los juegos de luces y sombras seducen a la vista. El bullicio que arrastran los turistas (la mayoría japoneses y franceses) distrae las sensaciones. Aunque el baño de integración artística, en el que convive el esplendor del califato Omeya con la arquitectura gótica, del Barroco y del Renacimiento, devuelve la esencia a un templo del que hoy se cuestiona nuevamente su propiedad.
Esta vez los musulmanes no han pedido su regreso al oratorio, como sí hicieron a las puertas del Vaticano hace 14 años. El debate de este año se juega en casa. Por un lado, el Ayuntamiento de Córdoba y su alcaldesa, la socialista Isabel Ambrosio. Por el otro, el Cabildo de la ciudad.
Esta vez los musulmanes no han pedido su regreso al oratorio, como sí hicieron a las puertas del Vaticano hace 14 años. El debate de este año se juega en casa. Por un lado, el Ayuntamiento de Córdoba y su alcaldesa, la socialista Isabel Ambrosio. Por el otro, el Cabildo de la ciudad.
- Los primeros encargaron hace 14 meses un informe sobre la Mezquita a una comisión de expertos, entre los que estaba la vicepresidenta del Gobierno, Carmen Calvo, que se encargó del contenido jurídico. El pasado sábado, esta comisión, presidida por Federico Mayor Zaragoza (ex director general de la Unesco), presentó un escrito de 20 páginas en el que defienden que no hay documentación histórica que avale que este Patrimonio de la Humanidad sea propiedad de la
Iglesia Católica. - A la entrada de la Mezquita, en el Patio de los Naranjos, en esa «isla de sombra, silencio y perfume» como decía el poeta Ricardo Molina, espera el historiador Agustín Jurado, director de comunicación del Cabildo Catedral de Córdoba. «Habréis visto que se cae a pedazos como dicen», ironiza este católico que hace de guía dentro del palmeral de columnas de mármol levantado a orillas del Guadalquivir en el año 786 por un musulmán, el emir Abderramán I.
- «El último rezo que los musulmanes hicieron aquí dentro fue en el día de San Juan de 1236, cuando Fernando III reconquistó Córdoba», cuenta Agustín mientras enseña por dentro el mihrab, la estancia levantada en la segunda mitad del siglo X por el califa Al-Hakam II, donde no pueden entrar los visitantes y que indica la dirección (equivocada) a La Meca.
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